Atropellan a una joven madre


Rafael Espinosa * CP. Después de dejar a su niña en el kinder, una joven mamá fue atropellada y muerta por un chofer que se subió al camellón del Libramiento Norte, a la altura de la 4ª Oriente, dijeron testigos quienes observaron que la mujer literalmente voló unos treinta metros hasta caer dentro una jardinera.

El auto continuó su trayectoria incorporándose a su carril para emprender la huida rumbo al oriente de la capital; sin embargo, el conductor fue arrestado entre el estadio de futbol y el Parque del Oriente, sobre el Libramiento Norte, debido a que varios testigos llamaron a la Policía, además de la cooperación de algunos automovilistas que también mantuvieron comunicación con las autoridades, al tiempo en que iban en la persecución.

El coche compacto Almera, con matrícula DNZ-2642, cuyo conductor dijo llamarse Daniel de Jesús Salazar Cruz, de unos 27 años, tenía estallado el parabrisas del lado del chofer, además presentaba abolladuras en la parte frontal, incluso tenía desprendido el foco del direccional y el retrovisor del mismo lado.

Salazar Cruz fue llevado en una patrulla a la Procuraduría General de Justicia donde le practicarían un certificado médico, mientras que el coche fue llevado al lugar de la tragedia para verificar las evidencias.

La joven mamá, quien vivía en unión libre con Juan Antonio de la Cruz Morales, de 35 años, respondía al nombre de María Adalinda Hernández Jiménez, de 27. Ambos al parecer habían procreado a dos niñas, una aún de brazos y la otra, de cuatro, que momentos antes había dejado en el jardín de niños.

Tenía su domicilio en la 3ª Oriente, entre la 12 y 13 Norte, número 1379, en el barrio La Pimienta.

Media hora más tarde, Juan Antonio, vendedor de agua, presuntamente empleado de la empresa “Agua Electrón”, se aproximó al libramiento.

El cuerpo estaba de bruces en medio del camellón, bajo la sombra de un árbol en cuyo tronco hay una cruz de otro peatón que -en otra fecha- murió atropellado. Al principio alguien tapó el cuerpo con un costal vacío de nylon y luego un agente de Tránsito, de apellido Nangüelú, de buena voluntad instaló su impermeable sobre el cadáver para evitar las miradas de morbo de los advenedizos.

Otro agente levantó y bajó el impermeable; De la Cruz Morales confirmó que era su pareja, además de reconocer su celular hecho trizas en el suelo. Advirtió que María Adalinda llevaba 500 pesos en efectivo y tenía las llaves de la casa.

“Necesita el acta de la finada y su credencial de elector para iniciar los trámites”, le dijo un grupo de agentes funerarios que, sin desaprovechar el tiempo, le ofrecían sus servicios.

El carril de alta de poniente a oriente era un caos, incluso los del carril contrario ocasionaron un ligero choque por fisgonear el cadáver.

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